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Asesinos en serie parte 1 - Monografía



 
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Psicopatologías. Hombres Lobo. Frankestein. Jeckyll y Hyde. Vampiros. Escena criminal. Método. Conducta. Víctimas. Psicópatas. Glosario. Autores


1.- INTRODUCCIÓN



Es mucha la expectación que nos crea los asesinos seriales y en general todo lo relacionado con los casos de asesinatos, violencia y maltratos. Nos surgen preguntas acerca de esas personas: Cómo serán sus vidas, qué debe de pasar por sus mentes para cometer tales asesinatos, como es posible que una persona pueda llegar a esos extremos, etc. Es más en algunos de los casos más de uno hemos llegado a pensar matar a alguien para ver lo que sentimos o simplemente viviendo situaciones de profunda tensión hemos sentido el deseo interior de acabar con la vida de alguien que tenemos enfrente.

¿Pero qué es lo que diferencia a un asesino serial de un ciudadano de a pie que en un día estresante piensa en asesinar a su jefe o de un asesino en masa?. ¿Cuáles son las patologías existentes?. ¿Cuál es el modus operandi de cada asesino?. ¿Nacemos todos con una asesino oculto o más bien es la sociedad y el mundo en el que vivimos el que va formando a futuros asesinos?. Estas y otras muchas preguntas serán abordadas a lo largo de los sucesivos apartados gracias a la psiquiatría, neuropsicología o a lo que durante mucho tiempo se ha llamado psicología clínica y más concretamente el campo de la personalidad.

Pero a la hora de encontrarnos con unos asesinos en serie no sólo se tiene en cuenta la tipología de cada persona sino que además se lleva un rigurosos análisis acerca de muchas variables que a veces a las personas no entendidas en este campo pueden escapársenos. Pero un buen policía de un cuerpo criminal o un criminalista o simplemente una persona interesa en conocer más a fondo todo lo que conlleva un crimen debe al menos conocer ciertos aspectos teóricos y prácticos.

2.- Recuento Histórico



A pesar de que el término serial killer fue acuñado apenas en 1971, viejas fábulas infantiles (tales como las narradas por los hermanos Grimm) nos enseñan que siempre ha existido el peligro de confiar en los extraños. Los criminales de ese entonces: vampiros, hombres lobos, trolls y brujas eran metáforas de lo que hoy conocemos como asesinos seriales. Estas viejas historias nos recuerdan a los actuales monstruos que viven en nuestra sociedad. Con toda seguridad se puede afirmar que siempre han existido los asesinos seriales, que representan el eterno sadismo y crueldad del ser humano.

Hombres Lobo



La licantropía pone de manifiesto el horror al sin sentido del crimen sexual. Los estudiosos del tema han descubierto que estos locos, tuvieron en jaque muchas aldeas europeas durante el siglo XVI. Tanto que las autoridades consideraban el problema como de “gran presión social.”
Famosos hombres lobo del medioevo, el francés Gilles Garnier y el alemán Peter Stubbe ambos mataban niños, los destripaban y aun comían de sus despojos. Stubbe llegó al extremo de matar a su propio hijo y después devorar su cerebro. El mito es todavía popular en nuestros días, hay quien asegura que la luna llena despierta a los hombres lobo. Albert Fish, asesino de niños, se dijo influenciado por el ciclo lunar y declaró que disfrutaba bailar desnudo durante las noches de luna llena.

Frankestein



El Dr. Frankestein, creación de Mary Shelley, trataba de conseguir el poder mas anhelado, el poder de generar la vida como un Dios. Reuniendo partes de cadáveres y así construir un nuevo ser. Ahora bien, esto tiene relación directa con algunos psicópatas de nuestros días. Dahmer y Nilsen ambos operaban con los cadáveres en busca de compañía. En particular Dahmer manipulaba algunos con el fin de crear su propio zombie, quien nunca se negara a su voluntad. Nilsen disponía de los cadáveres de sus víctimas, los manipulaba y le hacían compañía. Decía que en ese estado “poseían la mejor
imagen de ellos.” Eddie Gein robaba despojos del cementerio local para reconstruir a su madre. También tenía toda una colección de artefactos y utensilios hechos con huesos y recubiertos de piel humana.


Dr. Jeckyll y Mr. Hyde



El escritor Robert Louis Stevenson tuvo la genialidad de lograr delinear parte del perfil psicológico del asesino serial moderno. Y es que la literatura siempre es espejo social de la época. Esa es la peculiaridad del asesino: goza de una apariencia benigna, anormalmente normal. Por fuera podemos ver al caballeroso Dr. Jeckyll y por dentro hay una grotesca bestia tratando de salir, transfigurando al individuo en Mr. Hyde. Edmund Kemper cultivaba la personalidad del gigante bonachón (6′9′’ de estatura) y de ese modo atraía a sus víctimas quienes no dudaban en pedirle aventón. John Wayne Gacy se disfrazaba de payaso. Era la labor social que tanto le funcionaba. Cínicamente declaró: “… ustedes saben, un payaso es lo más lejano a un asesinato.”

Vampiros


Otro monstruo popular es sin duda el vampiro, metáfora que surge dentro de la rígida y moralista sociedad victoriana. Su irrupción es sintomática del estrés y la represión sexual típica de la época. La repentina aparición de un monstruo lujurioso por la sangre, es notable. Es tan claro el tipo de desviación respecto a la sangre que se pueden localizar fácilmente a los vampiros modernos. Tenemos unos cuantos para nombrar:

- El Vampiro de Dusseldorf, Peter Kürten
- El Vampiro de Hanover, Fritz Haarmann
- El Vampiro de Sacramento, Richard Chase

En especial Kürten disfrutaba como se desangraban sus víctimas, a veces tragando inclusive la sangre que manaba de las heridas. En otras ocasiones hallaba placer al sentir la sangre caer sobre la palma de su mano.

El estudioso del tema Eliott Leyton opina que el asesinato serial surge a la par de las modernas ciudades industriales del siglo XIX. Basa su teoría en la premisa de que el asesinato contra los extraños, es inexistente en las llamadas sociedades “primitivas.” Sin embargo es en las ciudades de atmósfera asfixiante, donde hay calles en que ni la luz llega y en que transita todo mundo, donde residen los pordioseros y otros marginados sociales donde pega mas fuerte la plaga del asesino serial.

Durante el siglo XIX dejó de culparse al demonio como única fuente del mal y la destrucción en el mundo. Ahora los ojos de los científicos y los escritores miraban hacia las personas, tratando de descubrir a la bestia escondida dentro.
Las teorías de Darwin enlazaban a la bestia y al ser humano como nunca antes se había imaginado. ¿Qué tan lejos estabamos de aquellos hombres mono prehistóricos? Una posible respuesta la dieron los investigadores Cesare Lombrosio y Max Nordau quienes creían que los hombres violentos tenían rasgos primitivos, con mandíbulas pesadas y frente pequeña. A pesar de que la teoría del perfil lombrosiano tuvo evidencia estadística, hoy ésta no es aceptada por los especialistas. De todos modos aún goza de gran popularidad.

3.- METODOLOGIA DE INVESTIGACION


Toda investigación sobre un homicidio del que se sospeche que puede ser obra de un asesino en serie, comienza con el exhaustivo análisis de la escena del crimen. Este análisis no se circunscribe a la clásica búsqueda de indicios, vestigios y pruebas forenses presente en todas las investigaciones de homicidio, sino que abarca otros muchos aspectos y consideraciones de tipo psicológico basados en los estudios y la experiencia acumulada hasta la fecha. Esta técnica se basa en la teoría de que en multitud de ocasiones, la conducta y personalidad del criminal quedan reflejadas en la escena del crimen de igual modo que la decoración de un hogar refleja el carácter de sus moradores.

El investigador puede obtener valiosísimos datos acerca del autor de los hechos buscando pautas y tratando de identificar características de personalidad del criminal, siendo capaz de detectar e interpretar pistas e indicios que por su propia naturaleza no se prestan a las técnicas de recogida ordinaria: emociones de rabia, odio, amor, irracionalidad, etc.

El resultado de este particular análisis psicológico de la escena del crimen de la dinámica delictiva y de la victimología suele ser la obtención del perfil criminológico del presunto autor de los hechos. Demos un rápido vistazo a estas técnicas.

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4.- Análisis de la escena de una crimen



En primer lugar habrá que llevar a cabo el estudio del lugar del delito. Generalmente, cuanto más actúe el asesino en el lugar del crimen, tanto más fácil nos será definir posteriormente su perfil psicológico, ya que dejará mayor número de indicios e incluso pruebas de su participación en el hecho.

No obstante, debe tenerse en cuenta que en ocasiones una actuación más prolongada del delincuente no implica necesariamente la posibilidad de encontrar mayor cantidad de indicios, ya que precisamente una parte de la misma puede estar encaminada a destruirlos.


Análisis de la escena del crimen


- Aspecto general del lugar
- presencia/ausencia de arma y tipo
- Sustracción de objetos y tipo
- Hechos o circunstancias extraordinarias
- Estudio del cadaver

Así, han de ser objeto de análisis y detallado estudio hechos y circunstancias tales como el aspecto general del lugar, que puede indicar si se trata de un delito previamente planificado (si muestra- un control general de la escena por parte del delincuente), espontáneo (si existe un gran desorden o alteración) o incluso si ha tenido lugar una “escenificación” con el fin de desorientar y obstaculizar la investigación. Este grado de organización en la escena del crimen es uno de los elementos definitorios de los tipos de asesino mencionados anteriormente.

También es importante la presencia o ausencia del arma empleada en el crimen y sus características, ya que estos extremos aportan información sobre el autor del crimen. La utilización de armas en sentido estricto (de fuego, blancas) que no son halladas en el lugar, apuntan a la posibilidad de
que el criminal esté en pleno uso de sus facultades mentales y que pudiera haber planificado el delito. Por el contrario, la utilización de objetos tomados del lugar del crimen (lo que se denomina “arma de oportunidad”) como un cinturón arrebatado a la propia víctima usado para estrangularla y que queda en su cuello, puede indicar que el homicidio no fue premeditado e incluso que el autor del mismo tiene perturbadas sus facultades mentales.

La comprobación de la sustracción de objetos, la finalidad de la misma y el tipo de éstos (pruebas del delito, objetos valiosos u objetos personales) puede proporcionar datos válidos para determinar algunas características del criminal, tales como su nivel de experiencia previa, fetichismo, etc.

La constatación de hechos o circunstancias extraordinarias, como el depósito de objetos extraños, mensajes, evidencias de ritualismo, etc., son buenos indicadores acerca del estado mental del autor de los mismos. En este sentido, es importante el estudio desde el punto de vista psicológico del empleo de los materiales utilizados por el criminal (la elección de uno con preferencia sobre otros, el modo de usarlo, etc.) entre los que tiene gran interés el material escrito que se obtenga por la información que sobre su autor puede aportar el examen psicolinguístico y grafopsicológico.

Obviamente, una gran fuente de información es el cadáver de la víctima. Su existencia en el lugar de la agresión y las características de éste, su relación con el mismo la disposición del cuerpo y de las ropas, las lesiones que presenta y la forma de muerte así como la determinación del tipo de víctima (si se trata de una víctima de oportunidad o previamente elegida), son todos ellos factores que en conjunto aportan valiosísimos datos acerca de lo sucedido y del causante de ello. Profundizaremos en ello más adelante.

5.- Análisis de la dinámica criminal



Para entender el concepto de “dinámica delictiva” es necesario en primer lugar especificar los principales elementos que intervienen en el proceso de la comisión de un hecho delictivo: delincuente, víctima, y delito en sí. Los dos primeros confluyen en el tercero. Durante todo el proceso existe una conducta anterior, actual (durante la comisión del hecho) y posterior por parte de ambos, víctima y delincuente. Esta conducta es la que debe estudiarse especialmente durante el tramo en que confluyen las de los protagonistas, el momento en que interaccionan ambas, ya que junto con la influencia de circunstancias o factores externos dan como resultado el delito. En consecuencia, éste también, debe entenderse como una entidad dinámica, en continuo cambio en virtud de los condicionantes que lo rodean e influyen en su producción. Von Hentig, uno de los padres de la Victimología, ya opinaba en su obra “El criminal y su víctima” que ésta participa en ocasiones con su comportamiento en el acto criminal cometido contra ella.

El análisis de la dinámica criminal, en consecuencia, se centra en el estudio de la actividad del delincuente y la víctima antes, durante y después de la comisión del delito para determinar su relación con el resultado final del mismo.

- Conducta ante y post crimen
- Forma de abordaje y reacción de la víctima
- Interacción entre ambos en vida de la víctima (verbal y física)
- Interacción con el cadáver
Aspectos importantes a estudiar son la forma en que el asesino contactó con su víctima (los organizados suelen abordarlas y entablar conversación interpretando un papel que le permite ganarse un cierto grado de confianza) el modo en que se relacionó con ella mientras la tuvo con vida (los recursos verbales que empleó, su actitud y grado de agresividad, etc.) o el método empleado para deshacerse del cadáver.

Así, el comportamiento de la víctima será útil para decidir la posible influencia del mismo en relación al del delincuente, de lo cual pueden obtenerse valiosos datos sobre el mismo (por ejemplo, la interacción verbal y física puede ofrecer datos para encuadrar al agresor en un determinado tipo de violador y asesino con características muy específicas).

Por otro lado, el comportamiento del delincuente constituye su “huella psicológica” a través de la cual puede ser perfectamente identificado, y de su conducta interesan especialmente al investigador dos aspectos: el modus operandi y la firma o sello personal.

6.- Clasificación por método del crimen


Los agentes de la autoridad especialistas en asesinatos seriales, juntos con psicólogos y psiquiatras han establecido que existe una característica fundamental en la forma de cometer el asesinato, que determina la existencia de dos tipos de asesino: el organizado y el desorganizado. La mayoría de los asesinos seriales son organizados (3/4) del total de casos; esto porque usualmente su inteligencia esta por encima del promedio. El resto, los desorganizados, son criminales solitarios en extremo y sus crímenes muestran una irreprimible frustración, se da por sentado que tienen un bajo nivel intelectual e inclusive padecen de algún desorden mental. Esto último sucede, a la par de que son ya sociópatas.

Método del asesino organizado (Gacy, Bundy por ejemplo):



- Se transporta a la escena del crimen en automóvil de modelo reciente, mismo que usará para después llevar a la víctima viva o muerta.
- Podemos resumir que el asesino planea detalladamente el crimen y se acostumbra rápidamente a la dinámica.
- Lleva consigo el instrumental para matar (cuerda, esposas, cloroformo, etc.)
- La violación y tortura ocurren antes del asesinato, para gratificación del psicópata.
- El crimen resulta un proceso alargado con el propósito de realizar la fantasía del criminal.
- El criminal queda consciente de que el asesinato deja evidencia de sus acciones, por lo que tratará de esconder o destruir las posibles pistas.
- Esconde, entierra o destruye el cuerpo de la víctima, para evitar o alargar su posible captura.
- El asesino puede en un futuro interesarse en el crimen (por él mismo cometido) participando en las pesquisas de la policía o llamando a las hot lines dispuestas para los familiares de las víctimas.


Método del asesino desorganizado (Berkowitz, Chase):



- Usualmente llega y se va de la escena del crimen caminando, aunque también puede llegar en auto.
- El asesinato ocurre, “al calor del momento”. No hay la exhaustiva planeación para cometer el crimen.
- No carga con un el clásico kit de herramientas para matar, tal vez use sus manos o alguna arma punzocortante. Tal vez también use una pistola.
- No existe contacto con la víctima hasta que el fatídico momento ocurre.
- El ataque del asesino será furioso y decisivo. La víctima recibirá rápidas heridas que serán desde un principio mortales.
- Este tipo de asesino no se interesa por la evidencia que queda después del crimen. Simplemente se marchará sin mayores consideraciones.
- No se interesa por esconder el cuerpo de la víctima a quien deja donde haya muerto.
- El asesino puede cometer canibalismo con el cadáver, e inclusive tomar “souvenirs” para apaciguar su fetichismo.
- Después del asesinato, no se interesará gran cosa por el asunto y tenderá a olvidar el incidente.

El modus operandi (”manera de actuar” en sentido literal) es generalmente entendido como los actos ejecutados por el delincuente para la comisión del delito y cuya característica común es su repetición en sucesivos hechos similares.

La idea se basa en la tendencia del comportamiento humano a la adquisición de hábitos propios, fenómeno bien conocido y estudiado por la psicología. Desafortunadamente, en muchas ocasiones la errónea interpretación del concepto como algo estático, es decir, que no cambia con el tiempo, ha limitado grandemente las posibilidades de éxito en su aplicación. Es muy frecuente la inclinación de los investigadores a pensar que, una vez identificado el modus operandi de un delincuente, aquel permanece invariable.

Esta rigidez impide a menudo relacionar casos al detectar la variación de uno o varios de los elementos que componen un modus operandi determinado, desechando por tanto la citada relación. Ello supone un grave error, ya que otra de las. características del comportamiento humano es la capacidad de aprendizaje.

El modus operandi es una conducta aprendida, dinámica y maleable.
Así, variará frecuentemente entre el primer delito y los siguientes, y su grado de evolución es un útil indicio acerca de la personalidad y circunstancias del delincuente. Ejemplo de ello sería el caso en que se detecta un refinamiento sustancial y súbito en un modus operandi de un delincuente conocido, lo que puede significar un reciente encarcelamiento durante el cual ha perfeccionado su técnica a través del contacto con otros delincuentes más avezados (Douglas y Munn, 1992).

Como ya se ha visto, la respuesta de la víctima también tiene una significativa influencia en la evolución del modus operandi, sirviendo al agresor de experiencia y referente para el futuro.

Modus Operandi



- Actos necesarios para llevar a cabo el crimen
- Continuado en el tiempo
- Dinámico

Otro aspecto importante en el estudio de la conducta del delincuente es la denominada ” firma” o sello personal. La distinción con el modus operandi se fundamenta en que los actos ejecutados y que conforman éste son (al menos desde el punto de vista del criminal) necesarios para llevar a cabo con éxito su acción.

Por el contrario, los actos que configuran la firma son innecesarios desde el punto de vista práctico, van más allá de las acciones imprescindibles para cometer el crimen y son parte integral del comportamiento del sujeto, que se ve compelido a realizarlos con el fin de satisfacer ciertas necesidades de origen psicológico. En consecuencia, la identificación de estas necesidades así como de sus causas constituye un asunto de vital importancia para el investigador en orden a la futura elaboración del perfil psicológico del presunto autor de los hechos.

En este sentido es útil el estudio de los actos realizados por el asesino con su víctima durante todo el proceso criminal (si le vendó los ojos, si desfiguró su rostro, si se llevó trofeos o recuerdos, si hubo cautiverio previo, desmembramiento, necrofilia o inserción de objetos, etc.).
No obstante, este sello personal puede no llegar a manifestarse en cada delito, debido a contingencias inesperadas tales como interrupciones o respuestas; imprevistas de la víctima (Douglas y Munn, 1 992).

7.- El análisis victimológico:



Con él se trata, en definitiva, de realizar una auténtica “autopsia psicológica” de la víctima a través de la que se intenta determinar algunas cuestiones de gran importancia para la investigación. Como veremos, las características de la víctima pueden ayudar a explicar los motivos del asesino y en consecuencia dar más detalles sobre su perfil. Westham afirmaba en su obra “The show of violence” (1948) que “no se puede comprender la psicología del asesino sin comprender la sociología de la víctima”.

Análisis victimológico



- Perfil de la víctima
- Nivel de riesgo
- Selección de la vícitma
- Relación previa vícitma/asesino
- Significado simbólico

Hickey y Egger son los dos autores que detentan el mérito de haber estudiado a las víctimas de los asesinos en serie con más profundidad. En un reciente estudio, el primero de ellos desvelaba que la mayoría de ellas son mujeres y niños, es decir, personas vulnerables y fáciles de controlar.
Comprobó que, en general, los asesinos en serie han victimizado a más mujeres adultas (el 65% del total estudiado) que a hombres adultos, pero la mitad de todos los delincuentes investigados había matado por lo menos a un hombre adulto y el 24% al menos a un niño.

En base a los referidos estudios de Hickey y los suyos propios, Egger ha desarrollado el perfil típico de las víctimas de asesinos en serie y el concepto de “less-dead” (los “menos muertos”). Para este autor, son “aquellas que en la mayoría de los casos se encuentran indefensas o son percibidas como impotentes dada su situación, el lugar o el status social que detentan en su entorno”. Algunas de estas víctimas, procedentes de estratos sociales devaluados cuando están vivas (vagabundos, “sin techo”, prostitutas, inmigrantes, niños desaparecidos,.) se convierten en “menos muertos”. Para la sociedad, pierden cualquier importancia que pudieran tener, ya que representan estigmas indeseables que, en realidad, merecen desaparecer.
Para algunos autores, estos prejuicios también influyen en la policía que, según ellos, no toma el mismo interés en la resolución de estos crímenes que en la de otros casos en que la “importancia social” de las víctimas implica una mayor presión de la opinión publica para la pronta resolución del asunto. Algo que conocen los asesinos y que explicaría, también, el por qué los “less-dead” son con tanta frecuencia elegidos como víctimas.

El análisis victimológico es el desarrollo del perfil de la víctima. Ello supone confeccionar una completa biografía que incluya todos los datos necesarios para llegar a conocer a la persona tan bien, o incluso mejor que su propia familia. Através de esto también podemos encontrar ciertos rasgos del asesino.

Todos estos datos son recogidos con técnicas tradicionales de investigación (análisis de archivos y fuentes documentales, entrevistas, etc.).


Nivel de riesgo (víctima)


- Hábitos de vida
- Residencia en relación a posible zona de actuación preferente- Status social
- Características de personalidad
- Característicasfísicas

Es importante determinar el nivel de riesgo, pues nos revela algunos datos sobre el presunto asesino en cuanto a su modo de operar; y es uno de los signos más fiables para determinar también la importancia que la víctima tiene para su victimario. Este nivel de riesgo, referido a las probabilidades de ser elegida como víctima de este tipo de delincuentes, se clasifica en alto moderado y bajo.

Para precisar en cual de estos niveles se incluye una determinada persona se tiene en cuenta el hecho de que, en principio, niños y ancianos son víctimas de alto riesgo, porque no saben defenderse bien. Los estudiantes son incluidos en el grupo de riesgo moderado, ya que se tiene constancia de que algunos asesinos y violadores en serie obtienen sus víctimas de los ambientes universitarios. Víctimas de bajo riesgo son aquellas cuya profesión y estilo de vida hacen que no sean blancos de los asesinos.

Son datos importantes para precisar el nivel de riesgo los hábitos de vida (costumbre de salir hasta altas horas de la noche, de frecuentar ambientes marginales, el consumo de drogas, etc.), la residencia en relación a una posible zona de actuación preferente de algún “depredador”, el status social (es decir, la pertenencia a los grupos sociales más desfavorecidos a los que nos hemos referido como “less-dead”), las características de personalidad (fundamentalmente el grado de introversión/extroversión, así como el de agresividad y decisión) y, en mucha mejor medida de lo que generalmente se piensa, las características físicas. Es un tópico fomentado por el cine y las novelas el pensar que la mayoría de los asesinos y violadores en serie eligen a sus víctimas por su parecido físico, coincidente con su “modelo”.

Seguramente el caso que más ha contribuido a esto fuera el del famoso Theodore Bundy, que secuestraba jóvenes universitarias que mostraban el aspecto físico que a él le gustaba. Pero, esto es mucho menos frecuente de lo habitual.

Todos los datos obtenidos deben ser evaluados específicamente en relación a las circunstancias de cada caso el lugar del secuestro y/o agresión (si es propicio para llevar a cabo la acción o no lo es), el momento (si es de noche o de día, la hora en relación a la posible frecuencia de paso de otras personas por ese lugar), los medios empleados para llevarla a cabo y la forma de hacerlo, etc.

El riesgo de la víctima también está directamente relacionado con el corrido por su agresor para cometer el delito y que igualmente es objeto de análisis. Por ejemplo, el hecho de que una víctima de bajo riesgo sea secuestrada en circunstancias de alto riesgo puede indicar algunas cosas
sobre su captor que puede actuar bajo algún tipo de factor estresante personal, que no es su primera víctima (ya que puede ser un signo de experiencia previa y de seguridad en sí mismo) o que necesita excitarse al máximo para cometer el crimen.

La selección de la víctima es otro aspecto que conviene estudiar. ¿Fue elegida de forma premeditada o es una víctima de oportunidad?

Algunos autores, como Holmes y Holmes, atribuyen una selección de víctimas característica de ciertos tipos de asesinos seriales; siendo generalmente aceptada la premisa de que todos los asesinos en serie organizados tienen un modelo de víctima “ideal”. Pero los estudios llevados a cabo sobre este particular demuestran que excepcionalmente coinciden las víctimas con el modelo particular de su asesino, y que únicamente una pequeña parte de ellas reunía más de la mitad de las características deseadas.
Para explicar esta discordancia se ha recurrido a dos argumentos: el primero, la prioridad que suelen otorgar a la seguridad los criminales durante la comisión del hecho; el segundo, la naturaleza de la exigencia que lo conduce a la violencia.

Es muy difícil que durante la fase de búsqueda de su “presa” se de la coincidencia de encontrar una víctima considerada idónea en lugar y circunstancias que permitan su captura fácil y segura. Podría esperar a otra ocasión en la esperanza de que esto ocurra, pero generalmente no es así.

Y no lo es por la naturaleza apremiante de sus impulsos: aunque inicialmente piense esperar el momento oportuno para conseguir su presa, el paso del tiempo antepone la exigencia de actuar a la de escoger una víctima ideal. Holmes compara este comportamiento depredador con el de un león hambriento al que le gusta la carne de gacela, por lo que espera a que aparezca una dejando pasar otras posibles presas: pero cuando falla en algunos intentos (ya que obviamente las gacelas no colaboran para que consiga su objetivo) y le acucia el hambre, atrapará cualquier presa que se ponga a su alcance.

Así, podemos estar de acuerdo con Caroline Block cuando dice que el homicidio está en función de la vulnerabilidad de la víctima y de los esfuerzos que esté dispuesto a realizar su asesino.

Sin embargo, Rossmo (1994) apunta que la geografía juega un papel importante en la selección de la víctima. Para este investigador, debe haber otros factores, aparte de los citados, que influye en la elección del lugar apropiado para llevar a cabo el ataque: ¿es un sitio adecuado? ¿es familiar, resulta cómodo? ¿hay rutas de huida?. Este autor, en base a estas y otras consideraciones, desarrolló la técnica del ‘’perfilado geográfico” de la que hablaré más adelante.

También debe estudiarse la posible relación previa entre víctima y asesino. En la inmensa mayoría de los casos, ambos son desconocidos. Pero en determinadas ocasiones, la primera víctima de una serie sí puede ser conocida con anterioridad por su asesino. El conocimiento de sus costumbres, su carácter, algún suceso común en sus vidas o cualquier situación surgida en el transcurso de su relación interpersonal puede desencadenar la elección o simplemente el crimen. En cualquier caso, el grado de relación no suele pasar de superficial, aunque algunos asesinos comenzaron asesinando a miembros de su propia familia (Edmund Kemper, por ejemplo).

Con toda la información sobre la víctima obtenida hasta el momento, pueden tenerse suficientes elementos de juicio para determinar la importancia o significado simbólico que pudiera tener para el asesino.

A este respecto hay que señalar que para algunos tipos de asesinos seriales, sus víctimas son el instrumento necesario para satisfacer sus pulsiones y necesidades psicológicas y sexuales, para llevar a cabo sus fantasías.

Su principal razón para el asesinato en estos casos no es el crimen en sí, sino sentir el ejercicio del más pleno poder y control sobre la situación y su victima, su terror y subyugación. Uno de estos asesinos (Holmes y Holmes,1994) comparaba a sus víctimas con un vaso de papel desechable, sirve para saciar la sed pero una vez que está vacío y ha servido para su propósito es inútil y puede arrugarse y arrojarse a la papelera olvidándose de él, como si nunca hubiera existido. Así, una vez satisfechas sus necesidades, la víctima sólo constituye un estorbo del que hay que deshacerse sin más miramientos. Otro asesino confesaba en sus diarios: “-

La víctima es el plato sucio de después del banquete, y fregar los platos es una tarea ordinaria…”

Para otros asesinos, en cambio, la víctima puede ser el objeto mismo de sus fantasías y deseos, confiriéndole por tanto una gran importancia simbólica que implica en muchos casos un irreprimible deseo de posesión hacia esa fuente de placer. Este significado simbólico puede explicar el hecho aparentemente incomprensible de que muchos asesinos en serie conservan de diferentes modos los cuerpos de sus víctimas (desde la congelación hasta el enterramiento bajo el suelo de la casa o el jardín, pasando por el almacenamiento en los armarios), para poder revivir su fantasía nuevamente. Dennis Nilsen, asesino en serie británico, conservaba los cadáveres de sus víctimas hasta que comenzaba el proceso de putrefacción para que le hiciesen compañía, e incluso los metía en su cama para dormir con ellos.

Los actos ejercidos con la víctima (las lesiones, mutilaciones y agresiones sexuales sufridas) y las reacciones frente al cadáver (taparlo, ocultarlo, mostrarlo, lavar las heridas) son de gran importancia para la identificación de este aspecto de la victimología.

En algunos casos, la carga simbólica que tiene la víctima puede llevar a su agresor, si le es psicológicamente posible, a asumir importantes riesgos que hacen predecible su conducta, por lo que la determinación de este aspecto es de vital importancia, ya que puede conducir a la detención del asesino.
Aunque excepcional, pensemos en el asesino que es capaz de arriesgarse hasta el límite para conseguir sus víctimas “ideales”, por ejemplo, chicas universitarias; a sabiendas de que la policía sin duda montará un dispositivo especial en los campus y zonas de ocio frecuentadas por ellas.

Más frecuente es el asesino que se arriesga a volver al lugar donde esconde los cadáveres de sus víctimas para revivir la situación vivida, o el del que tiene la necesidad de dejar los cadáveres en lugares visibles y posturas ofensivas, con la intención de impresionar o incluso desafiar a la policía. Conocer la probabilidad de que esto suceda aumenta las posibilidades de lograr conocer su perfil.





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