LOPE DE VEGA
Gloria de la literatura española. Sus contemporáneos lo admiraban por su fecundidad literaria.
Fue apodado El Fénix de los ingenios y Monstruo de la naturaleza. Su nombre completo era Lope Fénix de Vega Carpio. Nació en Madrid en el año de 1562 y murió en 1635.
Tenia gran facilidad para escribir; de su pluma brotaron más de 1,500 obras dramáticas y 400 autos. Es difícil evaluar tan extensa producción; para muchos críticos la obra lopesca pierde calidad y carece de pulimiento, pues escribía de prisa. De cualquier forma, a Lope se le considera exponente máximo del teatro español.
En sus obras dramáticas encontramos temas religiosos, políticos, históricos, relativos al sentimiento del honor y a problemas palpitantes del pueblo español. Se esmeraba en que obedecieran la secuencia de exposición, nudo y desenlace.
Cultivó la novela y no menos importante es su producción lírica y epístolar. Llevó una vida tumultuosa, llena de aventuras y de caprichos que se refleja en algunas de sus obras.
En poesía escribió: Rimas sacras, Rimas humanas, Mira Zaide que te aviso, La hermosura de Angélica, La Jerusalén conquistada, La Dragontea, El Isidro, La gatomaquia y romances, sonetos, letrilas, etc.
Entre sus obras dramáticas más importantes, se citan: Fuente Ovejuna; El mejor alcalde, el rey; La Estrella de Sevilla; La dama boba; El castigo sin venganza; El perro del hortelano, Peribañez y el comendador de Ocaña, etc.
SHAKESPEARE, WILLIAM Poco se sabe sobre su vida, de la que no se conservan cartas ni escritos de carácter personal: tan sólo documentos legales y su creación literaria. En el s. XIX prosperó la tesis del supuesto carácter apócrifo de su obra. Así, se atribuyó su autoría, entre otros, a Francis Bacon, al sexto conde de Derby, al dramaturgo Ch. Marlowe; incluso se ha creído en la existencia de un “Shakespeare” colectivo, en la redacción de cuyas obras habrían intervenido autores como Marlowe, Jonson, Beaumont, Kyd, Greene y Chapman.
De su niñez y adolescencia no se sabe prácticamente nada con certeza. Hacia 1582 casó con Ann Hathaway y entre 1583 y 1585 tuvieron tres hijos. Se ignora cuándo y por qué abandonó Stratford y a partir de qué año se instaló en Londres, ciudad a la que pudo haber marchado unos años antes de 1590. Es indudable que, por estas fechas, trabajaba como actor e iniciaba su aprendizaje literario. De 1592 data la primera referencia a sus actividades londinenses, consignadas por R. Greene, quien le acusó de plagio.
Fue actor, autor y accionista de la compañía de los Lord Chamberlain’s Men (1594), que pasaría a ser la de los King’s Men (1603). Esta compañía, la más prestigiosa del momento, actuaba en el Globo (1599), teatro al aire libre de su propiedad que fue destruido por un incendio en 1613, en el teatro de los Blackfriars (1608) y en la corte y efectuaba giras por provincias. Cuando hubo alcanzado fama y obtenido riqueza. Shakespeare adquirió en su ciudad natal la residencia llamada New Place (1597). Los escasos datos que nos han llegado de esta etapa de su carrera se refieren al ennoblecimiento de la familia (1596), a la muerte de su padre (1601) y de su madre (1608) y a las bodas de sus hijas Susanna (1607) y Judith (1616).
A partir de 1613, retirado en Stratford, llevó una vida desahogada. Las primeras obras suyas de que se tienen noticias son dos poemas extensos: Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), ambos dedicados a Henry Wriothesley, identificado por la crítica como el “joven rubio” inspirador de los 126 primeros Sonetos (1609).
En su variada producción dramática suelen distinguirse tres períodos, aunque hay que tener en cuenta que la cronología de sus obras es muy incierta. El primero de estos períodos abarca de 1590 a 1601 y comprende las comedias ligeras y los grandes frescos históricos; anteriores a 1594 parecen ser las tres partes de Enrique VI, La comedia de las equivocaciones, La fierecilla domada, Los dos hidalgos de Verona, Ricardo III, El rey Juan, Tito Andrónico y Trabajos de amor perdidos; entre 1594 y 1601 pueden situarse Romeo y Julieta, Ricardo II, las dos partes de Enrique IV, Enrique V, El sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia, Las alegres comadres de Windsor, Mucho ruido para nada, Como gustéis, Julio César y Noche de reyes. De 1601 a 1608 es la época de las comedias amargas (Troilo y Cresida, Bien está lo que bien acaba y Medida por medida) y de las grandes tragedias (Hamlet, Otelo, Macbeth, El rey Lear, Antonio y Cleopatra, Coriolano y Timón de Atenas). Pocos años después de su muerte (1623), sus amigos J. Heminge y H. Condell publicaron un volumen de sus obras, muy imperfecto, que se reimprimió, con algunas correcciones, en 1632 y en 1663.
BARROCO El siglo XVII y el auge de las premisas barrocas coinciden en España con un brillante y fecundo período literario que le dio en llamarse Siglo de Oro.
Estéticamente el barroco se caracterizó, en líneas generales, por la complicación de las formas y el predominio del ingenio y el arte sobre la armonía de la naturaleza, que constituía el ideal renacentista
Entre los rasgos más significativos del barroco literario español resulta relevante la contraposición entre dos tendencias denominadas conceptismo y culteranismo y sus máximos representantes fueron, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, respectivamente.
En esta época se distinguió además una línea clasicista diferenciada en dos corrientes básicas: la escuela Sevillana, en la que destacó Rodrigo Caro, y la escuela argonesca, cuyos representantes de mayor entidad fueron los hermanos Bartolomé Leonardo y Lupercio Leonardo de Argen sola, cultivadores de una lírica doctrinal y moralizante.
En el ámbito de la prosa narrativa del periodo barroco halló su marco la figura de Miguel de Cervantes Saavedra, autor también de poemas y comedias, que ha sido considerado unánimemente como la gran figura a lo largo de la gestación y la evolución de las letras españolas.
En el Quijote, Cervantes creó el prototipo a partir del cual nacería la novela moderna. Concebida en principio para satirizar las novelas de caballerías, los dos protagonistas de la obra, don Quijote y Sancho, han perdurado como símbolos de dos visiones enfrentadas del mundo: la idealista y la realista. LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE.
Eminente poeta, gloria de la literatura española. Nació en Córdoba en 1561, y murió en 1627. Poseedor de una vasta cultura, señala nuevas formas poéticas. En algunos poemas, su estilo erudito y rebuscado a veces, necesita del lector esfuerzo especial para entenderlo. Crea una escuela literaria, el culteranismo o gongorismo. Sus principales poemas de tipo culterano, son: La Fábula de Polifemo; y Galatea; y Las Soledades. Además escribió un gran número de composiciones de corte popular.
SOLEDAD SEGUNDA (MANERA CULTERANA)
Entrase el mar por un arroyo breve Que a recibille con sediento paso De su roca natal se precipita, Y mucha sal, no sólo en poco vaso, Mas su ruina bebe, Y su fin, cristalina mariposa -no alada, sino undosa-, en el farol de Tetis solicita. Muros desmantelando, pues, de arena, Centauro ya espumoso el monte en vano, De quien es dulce vena El tarde ya torrente Arrepentido, y aun retrocedente. Eral lozano así novillo tierno, De bien nacido cuerno Mal lunada la frente, Retrogado cedió en desigual lucha A duro toro, aun contra el viento armado; No, pues, de otra manera A la violencia mucha Del padre de las aguas, coronado De blancas olas y de espuma verde, Resiste obedeciendo, y tierra pierde. En la inciera ribera -guarnición desigual a tanto espejo- descubrió al alba a nuestro peregrino con todo el villanaje ultramarino, que a la fiesta nupcial, de verde tejo toldado ya capaz tradujo pino. Los escollos el sol rayaba, cuando, Con remos gemidores, Dos pobres se aparecen, pescadores, Nudos al mar, de cañamo, finado. Ruiseñor en los bosques no más blando, El verde robre que es barquillo ahora, Saludar vio la Aurora, Que al uno en dulces quejas- y no pocas- Ondas endurecer, liquidar rocas.
ROMANCILLO
La más bella niña De nuestro lugar, Hoy viuda y sola Y ayer por casar Viendo que sus ojos A la guerra van, A su madre dice Que escucha su mal Dejadme llorar Orillas del mar. Pues me distes, madre, En tan tierna edad Tan corto el placer, Tan largo el pesar, Y me cautivastes De quien hoy se va De mi libertad, Dajadme llorar Orillas del mar. En llorar conviertan Mis ojos, de hoy más. El sabroso oficio Del dulce mirar, Pues que no se pueden Mejor ocupar, Yéndose a la guerra Quién era mi paz, Dejadme llorar Orillas del mar. No me pongáis freno Ni queráis culpar; Que lo uno es justo, Lo otro por demás. Si me queréis bien No me hagáis mal; Harto peor fuera Morir y callar. Dejadme llorar Orillas del mar. Dulce madre mía.
LETRILLA (Manera popular) Ande yo caliente Y ráse la gente. Traten otros del gobierno Del mundo y sus monarquías, Mientras gobiernan mis días Mantequillas y pan tierno, Y las mañanas de invierno Naranja y aguardiente, Y ríase la gente. Croma en dorada vajilla El príncipe mil cuidados, Como píldoras dorados; Que yo en mi pobre mesilla Quiero más una morcilla Que en el asador reviente, Cuando cubra las montañas De blanca nieve el enero, Tenga yo lleno el brasero De bellotas y castañas, Y quien las dulces patrañas Del Rey que rabió me cuente Y ríase la gente. Busque muy en hora buena El mercader nuevos soles; Yo conchas y caracoles Entre la menuda arena, Escuchando a Filomena Sobre el chopo de la fuente, Pase a media noche el mar, Y arda en amorosa llama Leonardo por ver a su Dama Que yo m{as quiero pasar Del golfo de mi lugar La blanca o roja corriente Y ríase la gente Pues Amor es tan cruel, Que de Píramo y su amada Hace tálamo una espada, Do se junten ella y él, Sea mi Tisbe un pastel, Y la espada se mi diente, Y ríase la gente.
FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS
Polígrafo, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro. Nació en Madrid en 1580 y murió en 1645. Creador del Conceptismo. Escribió en prosa y verso. Su estilo fue predominantemente festivo y burlesco. También produjo obras de gran profundidad filosófica. Entre sus obras escritas en verso se citan: El Parnaso español; Las tres musas castellanas, además de : sátiras, canciones, letrillas, romances y sonetos. En prosa: Política de Dios; Los sueños; La casa de locos de amor; Libro de todas las cosas, etc. Y su novela picaresca, La vida del Buscón. PODEROSO CABALLERO ES DON DIENRO (Letrilla Satírica)
Madre, yo al oro me humillo; Él es mi amante y mi amado, Pues de puro enamorado De continuo anda amarillo; Que, pues, doblón o sencillo, Hace todo cuanto quiero, Poderoso caballero Es don Dinero. Es galán y es como un oro; Tiene quebrado el color, Persona de gran valor, Tan cristiano como moro. Pues que da y quita el decoro Y quebranta cualquier fuero, Poderoso caballero Es don Dinero. Son sus padres principales Y es de nobles descendiente, Todas las sangres son reales, Y pues es quien hace iguales Al rico y al pordiosero, Poderoso caballero Es don Dinero. Sus escudos de armas nobles Son siempre tan principales. Que sin sus escudos reales No hay escudos de armas dobles; Y pues le guardan de gatos. Y pues él rompe recatos Y ablanda al juez más severo, Poderoso caballero Es don Dinero. Por imporatar en los tratos Y dar tan buenos consejos, En las casas de los viejos Gatos le guardan de gatos. Poderoso caballero Es don Dinero. LA POBREZA, EL DINERO (letrilla)
Pues amarga la verdad, Quiero echarla de la boca; Y si al alma su hiel toca, Esconderla es necesidad. Sépase, pues libertad Ha engendrado en mi pereza; La pobreza. ¿Quién hace al tuerto galán y prudente al sin consejo? ¿Quién al avariento viejo le sirve de río Jordán? ¿Quién hace de piedras pan, sin ser el Dios verdadero? El dinero. ¿Quién con su fiereza espanta el cetro y corona al rey? ¿Quién careciendo de ley merece el nombre de santa? ¿Quién la montaña derriba al valle, la hermosa al feo? ¿Quién podrá cuanto el deseo, aunque imposible, conciba? ¿Quién con la humildad levanta a los cielos la cabeza? La pobreza ¿Quién los jueces con pasión sin ser ungüento, hace humanos, pues untándoles las manos les ablanda el corazón? El dinero ¿Quién procura que se aleje del suelo la gloria vana? ¿Quién siendo toda cristiana tiene la cara de hereje? ¿Quién hace que al hombre aqueje el desprecio y la tristeza? La pobreza.
A UNA NARIZ (SONETO)
Érase un hombre a una nariz pegado, Érase una nariz superlativa, Érase una nariz sayón y escriba, Érase en pez espada muy barbado, Era un reloj de sol mal encarado, Érase una alquitara pensativa, Érase un elefante boca arriba, Era Ovidio Nasón más narizado, Érase el espolón de una galera, Las doce de tribus de narices era, Érase un naricísimo infinito Muchísimo nariz, nariz tan fiera, Que en la cara de Anás fuera delito.
SOR JUANA INES DE LA CRUZ (JUANA INES DE ASBAJE)
Poetisa mexicana. Conocida en el mundo literario como Sor Juana In{es de la Cruz o la Décima Musa. Nació en San Miguel Nepantla, el 12 de noviembre de 1651 y muere en la ciudad de México el 17 de abril de 1695. Bella mujer, de grandes atributos, desde muy tierna edad manifestó su precocidad artística. A los tres años aprendió a leer, a los ocho compuso su primera obra Poética y a los quince sorprendió con su erudición a las sabios de la corte de los virreyes de la Nueva España. Su figura debe servir de ejemplo a la juventud porque logró alcanzar la gloria literaria, sobreponiéndose a las condiciones más adversas y hostiles de esa época. Su obra tiene influencia de las escuelas culterana y conceptista, por lo que su formación barroca se manifiesta en ella constantemente. Cultivó el género lírico en sus diversas manifestaciones: poesía popular, religiosa, amorosa y culterana; comprende sonetos, romances, redondillas, silvas y liras. Escribió también para el teatro: El divino Narciso, El mártir del Sacramento, Los empeños de una casa, Amor es más laberinto y El cetro de José. No menos importante fue su aportación literaria en prosa: Carta atenagórica y Respuesta a sor Filotea de la Cruz.
SONETO EN QUE DETERMINA QUE PREVALEZCA LA RAZON CONTRA EL GUSTO
Al que ingrato me deja, busco amante; Al que amante me sigue, dejo ingrata; Constante adoro a quien mi amor maltrata; Maltrato a quien mi amor busca constante. Al que trato de amor, hallo diamante Y soy diamante al que de amor me trata; Triunfante quiero ver al que me mata Y mato a quien me quiere ver triunfante. Si a éste pago, padece mi deseo; Si ruego a aquél, mi pundonor enojo: De entrambos modos infeliz me veo. Pero yo, por mejor partido escojo, De quien no quiero, ser violento empleo, De quien no me quiere, vil despojo.
SONETO QUE CONTIENE UNA FANTASIA CONTENTA CON AMOR DECENTE. Detente, sombra de mi buen esquivo, Imagen del hechizo que más quiero, Bella ilusión por quien alegre muero, Dulce ficción por quién penosa vivo. Si al imán de tus gracias atractivo Sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero si has de burlarme luego fugitivo? Mas blasonar no puedes satisfecho De que triunfa de mí tu tiranía; Que aunque dejas burlado el lazo estrecho Que tu forma fantástica ceñía, Poco importa burlar brazos y pecho Si te labra prisión mi fantasía.
SONETO EN QUE DA MORAL CENSURA A UNA ROSA, EN ELLA A SUS SEMEJANTES
Rosa divina, que en gentil cultura Eres con tu fragante sutileza, Magisterio purpúreo en la belleza, Enseñanza nevada a la hermosura. Amago de la humana arquitectura, Ejemplo de la vana gentileza, En cuyo ser unió naturaleza La cuna alegre y triste sepultura. ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida, soberbia, el riesgo de morir desdeñas, y luego desmayada y encogida De tu caduco ser das mustias señas! Con que, con docta muerte y necia vida, Viviendo engañas y muriendo enseñas. SONETO EN QUE SATISFACE UN RECELO CON LA RETORCIDA DEL LLANTO
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, Como en tu rostro y tus acciones vía Que con palabras no te persuadía, Que el corazón me vieses deseaba. Y amor, que mis intentos ayudaba, Venció lo que imposible parecía, Pues entre el llanto que el dolor vertía El corazón deshecho destilab. Baste ya de rigores, mi bien, baste; No te atormenten más celos tiranos, Ni el vil recelo tu quietud contraste Con sombras necias, con indicios vanos, Pues ya en líquido humor viste y tocaste Mi corazón deshecho entre tus manos.
SONETO EN QUE PROCURA DESMENTIR LOS ELOGIOS QUE A UN RETRATO DE LA POETISA INSCRIBIO LA VERDAD, QUE LLAMA PASIÓN
Este que ves, engaño colorido, Que del arte ostentando los primores, Con falsos silogismos de colores Es cauteloso engaño del sentido; Este en quien la lisonja ha pretendido Excusar de los años los horrores Y venciendo del tiempo los rigores Triunfar de la vejez y del olvido: Es un vano artificio del cuidado; Es una flor al viento delicada; Es un resguardo inútil para el hado; Es una necia diligencia errada; Es un afán caduco; y bien mirado, Es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
ASEGURA LA CONFIANZA DE QUE OCULTARA DEL TODO UN SECRETO El paje os dirá, discreto, Como luego que leí, Vuestro secreto rompí Por no romper el secreto Y aun hice más, os prometo: Los fragmentos, sin desdén, Del papel, tragué también; Que secretos que venero, Aun en pedazos no quiero que fuera del pecho estén.
SOR JUANA
CON EL DOLOR DE LA MORTAL HERIDA Con el dolor de la mortal herida, de un agravio de amor me lamentaba; y por ver si la muerte se llegaba, procuraba que fuese más crecida.
Toda en el mal el alma divertida, pena por pena su dolor sumaba, y en cada circunstancia ponderaba que sobraban mil muertes a una vida.
Y cuando, al golpe de uno y otro tiro, rendido el corazón daba penoso señas de dar el último suspiro,
no sé con qué destino prodigioso volví en mi acuerdo y dije:–¿Qué me admiro? ¿Quién en amor ha sido más dichoso? CUANDO MI ERROR Y TU VILEZA VEO
Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo.
A mi mesma memoria apenas creo que pudiese caber en mi cuidado la última línea de lo despreciado, el término final de un mal empleo.
Yo bien quisiera, cuando llego a verte, viendo mi infame amor, poder negarlo; mas luego la razón justa me advierte
que sólo se remedia en publicarlo: porque del gran delito de quererte, sólo es bastante pena, confesarlo.
DÉTENTE SOMBRA DE MI BIEN Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero, si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho, de que triunfa en mí tu tiranía: que aunque dejas burlado el lazo estrecho,
que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía
Copia divina, en quien veo
Copia divina, en quien veo desvanecido al pincel, de ver que ha llegado él donde no pudo el deseo; alto, soberano empleo de más que humano talento; exenta de atrevimiento, pues tu beldad increíble, como excede a lo posible, no la alcanza el pensamiento. ¿Qué pincel tan soberano fue a copiarte suficiente? ¿Qué numen movió la mente? ¿Qué virtud rigió la mano? No se alabe el Arte, vano, que te formó peregrino: pues en tu beldad convino, para formar un portento, fuese humano el instrumento, pero el impulso, divino. Tan espíritu te admiro, que cuando deidad te creo, hallo el alma que no veo, y dudo el cuerpo que miro. Todo el discurso retiro, admirada en tu beldad: que muestra con realidad, dejando el sentido en calma, que puede copiarse el alma, que es visible la deidad. Mirando perfección tal cual la que en ti llego a ver, apenas puedo creer que puedes tener igual; y a no haber Original de cuya perfección rara la que hay en ti se copiara, perdida por tu afición, segundo Pigmalïón, la animación te impetrara. Toco, por ver si escondido lo viviente en ti parece: ¿posible es, que de él carece quien roba todo el sentido? ¿Posible es, que no has sentido esta mano que te toca, y a que atiendas te provoca a mis rendidos despojos? ¿Que no hay luz en esos ojos? ¿Que no hay voz en esa boca? Bien puedo formar querella, cuando me dejas en calma, de que me robas el alma y no te animas con ella; y cuando altivo atropella tu rigor, mi rendimiento, apurando el sufrimiento, tanto tu piedad se aleja, que se me pierde la queja y se me logra el tormento. Tal vez, pienso que piadoso respondes a mi afición; y otras, teme el corazón que te esquivas desdeñoso. Ya alienta el pecho, dichoso, ya infeliz al rigor muere; pero, como quiera, adquiere la dicha de poseer, porque al fin, en mi poder serás lo que yo quisiere. Y aunque ostentes el rigor de tu Original, fiel, a mí me ha dado el pincel lo que no puede el amor. Dichosa vivo al favor que me ofrece un bronce frío: pues aunque muestres desvío, podrás, cuando más terrible, decir que eres impasible, pero no que no eres mío.
Díme, vencedor rapaz
Dime, vencedor rapaz, vencido de mi constancia, ¿qué ha sacado tu arrogancia de alterar mi firme paz? que aunque de vencer capaz es la punta de tu arpón el más duro corazón, ¿qué importa el tiro violento si a pesar del vencimiento queda viva la razón? Tienes grande señorío; pero tu jurisdicción domina la inclinación, mas no pasa al albedrío. Y así librarme confío de tu loco atrevimiento, pues aunque rendida siento y presa la libertad, se rinde la voluntad, pero no el consentimiento. En dos partes dividida tengo el alma en confusión: una, esclava a la pasión, y otra, a la razón medida. Guerra civil, encendida, aflige el pecho importuna; quiere vencer cada una, y entre fortunas tan varias, morirán ambas contrarias, pero vencerá ninguna. Cuando fuera, amor, te vía, no merecí de ti, palma; y hoy que estás dentro del alma es resistir valentía. Córrase, pues, tu porfía, de los triunfos que te gano: pues cuando ocupas, tirano, el alma sin resistillo, tienes vencido el Castillo e invencible el Castellano. Invicta razón alienta armas contra tu vil saña, y el pecho es corta campaña a batalla tan sangrienta. Y así, Amor, en vano intenta tu esfuerzo loco ofenderme: pues podré decir, al verme expirar sin entregarme, que conseguiste matarme mas no pudiste vencerme. Liras
Ya que para despedirme
Ya que para despedirme, dulce idolatrado dueño, ni me da licencia el llanto ni me da lugar el tiempo, háblente los tristes rasgos, entre lastimosos ecos, de mi triste pluma, nunca con más justa causa negros. Y aun ésta te hablará torpe con las lágrimas que vierto, porque va borrando el agua lo que va dictando el fuego. Hablar me impiden mis ojos; y es que se anticipan ellos, viendo lo que he de decirte, a decírtelo primero. Oye la elocuencia muda que hay en mi dolor, sirviendo los suspiros, de palabras, las lágrimas, de conceptos. Mira la fiera borrasca que pasa en el mar del pecho, donde zozobran, turbados, mis confusos pensamientos. Mira cómo ya el vivir me sirve de afán grosero; que se avergüenza la vida de durarme tanto tiempo. Mira la muerte, que esquiva huye porque la deseo; que aun la muerte, si es buscada, se quiere subir de precio. Mira cómo el cuerpo amante, rendido a tanto tormento, siendo en lo demás cadáver, sólo en el sentir es cuerpo. Mira cómo el alma misma aun teme, en su ser exento, que quiera el dolor violar la inmunidad de lo eterno. En lágrimas y suspiros alma y corazón a un tiempo, aquél se convierte en agua, y ésta se resuelve en viento. Ya no me sirve de vida esta vida que poseo, sino de condición sola necesaria al sentimiento. Mas, ¿por qué gasto razones en contar mi pena y dejo de decir lo que es preciso, por decir lo que estás viendo? En fin, te vas, ¡ay de mi! Dudosamente lo pienso: pues si es verdad, no estoy viva, y si viva, no lo creo. ¿Posible es que ha de haber día tan infausto, funesto, en que sin ver yo las tuyas esparza sus luces Febo? ¿Posible es que ha de llegar el rigor a tan severo, que no ha de darle tu vista a mis pesares aliento? ¡Ay, mi bien, ay prenda mía, dulce fin de mis deseos! ¿Por qué me llevas el alma, dejándome el sentimiento? Mira que es contradicción que no cabe en un sujeto, tanta muerte en una vida, tanto dolor en un muerto. Mas ya que es preciso, ¡ay triste!, en mi infelice suceso, ni vivir con la esperanza, ni morir con el tormento, dame algún consuelo tú en el dolor que padezco; y quien en el suyo muere, viva siquiera en tu pecho. No te olvides que te adoro, y sírvante de recuerdo las finezas que me debes, si no las prendas que tengo. Acuérdate que mi amor, haciendo gala de riesgo, sólo por atropellarlo se alegraba de tenerlo. Y si mi amor no es bastante, el tuyo mismo te acuerdo, que no es poco empeño haber empezado ya en empeño. Acuérdate, señor mío, de tus nobles juramentos; y lo que juró la boca no lo desmientan tus hechos. Y perdona si en temer mi agravio, mi bien, te ofendo, que no es dolor, el dolor que se contiene atento. Y adiós; que con el ahogo que me embarga los alientos, ni sé ya lo que te digo ni lo que te escribo leo. Sonetos
A la incompresión mundana
En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas; y así, siempre me causa más contento poner riquezas en mi pensamiento que no mi pensamiento en las riquezas.
Y no estimo hermosura que, vencida, es despojo civil de las edades, ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor, en mis verdades, consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades.
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