Monografías
Publicar | Monografías por Categorías | Directorio de Sitios | Software Educativo | Juegos Educativos | Cursos On-Line Gratis

 

Arte bizantino Luchas iconoclastas - Monografía



 
DESCARGA ESTA MONOGRAFÍA EN TU PC
Esta monografía en formato html para que puedas guardarla en tu pc e imprimirla.



Vínculo Patrocinado




Aquí te dejamos la descarga gratuita
Nota: para poder abrir archivos html solo necesitas tener instalado internet explorer u otro navegador web.




Historia del Arte antiguo. Bizancio. Constantinopla. Mosaicos. Pintura. Icono. Luchas iconoclastas



ARTE BIZANTINO: LOS ICONOS



I. Introducción



Los bizantinos, antiguamente, designaban con la palabra icono a toda representación de Cristo, la Virgen, un santo, un acontecimiento de la historia Sagrada representación que podía ser pintada o esculpida, móvil o monumental. Pero la Iglesia ortodoxa moderna aplica con preferencia este término a las pinturas de caballete, y es el sentido que se le da hoy tanto en la arqueología como en la historia del arte.


II. Desarrollo del Tema 



El icono bizantino es, por consiguiente, una pintura sacra sobre una estructura portátil, de madera o metal, cualquiera que sea la técnica de la pintura: colores colocados sobre una preparación de enyesado, cubos de mosaicos, esmaltes,… La inclusión de los iconos en esmalte dentro de las artes industriales ha impedido tradicionalmente concederles su justa importancia en este terreno artístico, aunque se sabe que a partir de los siglos XI y XII fueron bastante numerosos en las iglesias bizantinas. Valga como ejemplo la célebre imagen de San Miguel, que hoy se conserva en Venecia, donde los adornos de filigrana y los esmaltes contribuyen a lograr un maravilloso efecto sinfónico de conjunto.

También se utilizó la técnica de los mosaicos, y no hay duda de que la más generalizada, a partir del siglo X, fue la denominada al temple (o tempera al huevo, en la que se usa la clara de huevo como una emulsión para lograr un mayor densidad del color).
El soporte era siempre una tabla, o panel, que se tomaba de la masa del tronco cerca de su centro y siguiendo el sentido longitudinal de la fibra. Sobre esta tabla, que se pulía de modo que quedaba ligeramente cóncava, se pegaba una tela gruesa que, a su vez, se recubría de yeso con la finalidad de preservar a la pintura de ser embebida por la madera.

Preparada así la tabla -normalmente de tilo-, el pintor, con un punzón o buril, trasponía el dibujo partiendo de un esbozo o modelo; e inmediatamente pasaba a la aplicación de sus colores empezando por los fondos. El básico y fundamental era siempre el oro asociado al cielo; junto a él, el ocre, que expresaba lo terreno, el azul vinculado a lo infinito y el rojo, que proyectaba el fuego del Verbo Divino. Una vez pintado el icono, se bañaba con una capa de lino, que contribuía no sólo a realzar los colores, sino también a dar más consistencia a la pintura.
El icono en su origen, señala Ernest Ros, fue un simple recuerdo, la imagen de una persona que por su testimonio de vida cristiana era merecedora de recuerdo. este retrato se colocaba, por lo general, sobre un sepulcro, con el fin de perpetuar su memoria, al igual que ocurría en el mundo funerario greco-egipcio, y de manera que el peregrino pudiera contemplar la figura ejemplar del que había triunfado testimoniando su fe.

Pronto circularon retratos de la Virgen y de Cristo, considerados por la tradición como auténticos y atribuidos a san Lucas. Ya en el S. VI, los iconos pasaron a convertirse en objetos de culto, como lo eran las reliquias a las que aparecían asociados, transformándose en algo operativo. Adquirieron un valor místico.
Así se hicieron presentes en todas las partes del Imperio y en todos los ámbitos sociales, en iglesias, casas particulares o lugares públicos,. Incluso podían llevarse colgados al cuello, cuando eran muy pequeños y metálicos.
Se rezaba ante ellos y se les utilizaba como objetos profilácticos. por eso el emperador Heraclio puso imágenes de la Virgen en los mástiles de sus barcos. Este culto idolátrico llegaría al paroxismo en el ambiente catastrófico del S.VII, en el momento en el que el enemigo -eslavos, árabes-, pone cerco a la propia Constantinopla y reduce el Imperio a la mitad.
Nace entonces la inagotable leyenda de los iconos que hablan, lloran, hacen milagros, atraviesan el mar, vuelan por los aires, aparecen en sueños y se hacen descubrir en lugares de Teofanía. Todavía en 1453, un venerado icono de la Virgen era expuesto en los puntos más vulnerables de la ciudad al objeto de evitar su toma por los turcos.
Las luchas iconoclastas purificarían la función y significado del icono al precisar que si estaba pintado correctamente, es decir, si reproducía modelos cuya autenticidad esta garantizada por la tradición, el icono se convierte en reflejo de un prototipo divino, y participa de su santidad.

El icono es el espejo en el que se refleja el mundo visible: es  existencialmente idéntico a su modelo, a pesar de ser diferente en su esencia. Venerar un icono es identificarse con él y recibir su gracia. Sobre esta doctrina se construirá el sistema clásico de la pintura bizantina.
Los iconos bizantinos sobre madera pintada de los primeros siglos son escasos, debido a que resisten mal las injurias del tiempo y a las luchas iconoclastas, habiéndose conservado en mayor medida aquellos que proceden de la época de los Paleólogos y de la Turcocracia.
Los iconos más antiguos que nos han llegado son raros y poco accesibles; son, en gran parte, obras aisladas salidas de talleres palestinos o egipcios -la mayoría proceden del Sinaí-, y tanto por la época -Siglos V-VI-, como por la técnica usada -encáustica- aparecen sometidos a la estética circundante.
Son particularmente abundantes en los siglos XIV y XV, y en ellos hay una cierta propensión a lo narrativo, superando de este modo el hieratismo de períodos anteriores, introduciéndose arquitecturas fantásticas y románticos paisajes rocosos.

III. Conclusión



Los iconos y el desarrollo del iconostasio, tabique revestido de iconos que aísla el santuario de la nave de la iglesia en la línea de las exigencias del rito ortodoxo, marcan el nacimiento de una escuela original, caracterizada por la sencillez de composición, necesaria para que las tablas resultasen legibles desde la altura a la que estaban colocadas, el idealismo de las expresiones, que ennoblece incluso las obras más mediocres y traslada a sus figuras del lugar y el tiempo, el sentido del ritmo, que equilibra armoniosamente los distintos elementos que intervienen en el cuadro, y en el uso de un colorido vigoroso y placentero, donde se afirma el sentido del color y el gusto por las luces vivas que han caracterizado siempre al arte ruso.

Bibliografía:



http://www.imperiobizantino.com/arte_bizantino.html
http://www.cnice.mecd.es/eos/MaterialesEducativos/bachillerato/arte/arte/x-media/medi-enl.htm

Autor:

Kero





Creative Commons License
Estos contenidos son Copyleft bajo una Licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor.
Siempre que no sea para un uso económico o comercial.
No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.

 
TodoMonografías.com © 2006 - Términos y Condiciones - Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License